
Un equipo internacional explora la Cuenca del Agrio para descifrar 12.000 años de historia neuquina
Redacción Abierta
La provincia de Neuquén protagoniza un trabajo científico de escala internacional en la Cuenca del Agrio, una extensa zona que hasta ahora no había sido abordada de manera sistemática desde la arqueología, la paleontología y la espeleología. El punto de partida fue un convenio suscripto en 2024 con la Universidad de Michigan, al que luego se sumaron investigadores del CONICET, del INTA Bariloche y especialistas de China, conformando un equipo multidisciplinario poco usual en la región.
El área de estudio guarda registros de ocupación humana de al menos 8.000 años, aunque los equipos apuntan a encontrar evidencias de hasta 12.000 años de antigüedad, en línea con hallazgos similares detectados en otras zonas de la provincia. Una de las líneas de investigación más relevantes apunta a comprender cómo los pueblos originarios gestionaron los recursos naturales a lo largo de los siglos: el manejo del agua, el uso del pehuén, las prácticas de subsistencia y la relación con el entorno en un contexto de desertificación progresiva. Esa información histórica, lejos de quedar archivada, busca traducirse en herramientas concretas para enfrentar los desafíos ambientales del presente.
En paralelo, el equipo avanza en el relevamiento de sitios con arte rupestre y evalúa la posibilidad de aplicar fechados radiocarbónicos a las pinturas de la zona para determinar su antigüedad. También se trabaja con huellas fosilizadas halladas en humedales y cuencas de lagos secos correspondientes a la última Edad de Hielo, un hallazgo que genera entusiasmo entre los especialistas involucrados. Entre los sitios de referencia figura la cueva Chenque Haichol, en las cercanías de Pino Hachado, donde ya se realizaron análisis de hidratación de obsidiana para establecer cronologías comparativas.

El proyecto no avanza en soledad: la articulación con comunidades mapuche, municipios como Las Lajas y Loncopué, propietarios rurales y el Escuadrón 31 de Gendarmería Nacional es parte estructural del trabajo. A partir de esta colaboración, incluso se conformó una patrulla ambiental en esa unidad, orientada especialmente al control del tráfico ilícito de bienes culturales en los numerosos pasos fronterizos habilitados y no habilitados de la región.
El componente educativo también tiene su lugar: un grupo de docentes de Loncopué y una agrupación pro-museo local están trabajando para llevar los hallazgos científicos a las aulas, con foco en la trashumancia y el vínculo histórico entre los pobladores y el territorio. Así, lo que comenzó como una excavación en el pasado se convierte, paso a paso, en una herramienta viva para las comunidades neuquinas del siglo XXI.



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