El trabajo invisible del EPAS: cómo cuidan el agua que vuelve a los ríos neuquinos

En el Día Mundial del Medio Ambiente, el Ente Provincial de Agua y Saneamiento mostró el sistema que trata miles de metros cúbicos de efluentes por hora en Neuquén capital. La planta Bardas Norte y dos instalaciones más garantizan que el agua usada vuelva a los ríos sin contaminarlos.
General05/06/2026Redacción AbiertaRedacción Abierta

Cada vez que un vecino de Neuquén capital abre la canilla o vacía el lavadero, activa una cadena de trabajo que pocas veces se ve pero que opera las 24 horas del día: la red de plantas de tratamiento de efluentes cloacales que el Ente Provincial de Agua y Saneamiento (EPAS) gestiona en la ciudad. Este 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, el organismo abrió las puertas de la planta Bardas Norte para mostrar cómo funciona ese sistema invisible que devuelve el agua tratada al río sin comprometer el ecosistema.

La relevancia de este trabajo en Neuquén no es menor. La provincia tiene uno de los crecimientos demográficos más acelerados del país, impulsado por la actividad hidrocarburífera en la cuenca Vaca Muerta y el sostenido aumento poblacional en la capital y localidades como Añelo y Rincón de los Sauces. Eso presiona directamente sobre la infraestructura de saneamiento y obliga al EPAS a planificar con horizonte largo. Al mismo tiempo, Neuquén es una provincia reconocida por sus ríos y lagos, recursos naturales que deben preservarse tanto para el consumo humano como para el equilibrio ambiental de toda la región.

Neuquén capital cuenta con tres plantas de tratamiento de efluentes cloacales: Tronador, la más grande de la provincia, que procesa entre 3.900 y 4.000 metros cúbicos por hora; la del Parque Industrial Neuquén (PIN), con una capacidad de alrededor de 300 metros cúbicos por hora; y Bardas Norte, que trata cerca de 100 metros cúbicos por hora. Juntas reciben a diario los líquidos residuales provenientes de viviendas, comercios y actividades urbanas de la ciudad. El proceso que atraviesan esos efluentes es complejo: ingreso por la red cloacal, remoción de sólidos grandes mediante rejas y sistemas de desbaste, separación de arenas y grasas, tratamiento biológico con microorganismos que degradan la materia orgánica, desinfección con hipoclorito de sodio y, finalmente, control analítico antes del vuelco al río. En Bardas Norte se agrega además un proceso específico para remover nitrógeno, un elemento que puede generar desequilibrios en determinados cuerpos de agua.

El ingeniero Carlos Ruiz, jefe del área de Control y Asistencia de Plantas de Tratamiento del EPAS, explicó que el organismo no solo gestiona sus propias instalaciones sino que también asiste técnicamente a municipios y cooperativas que administran sistemas de agua y saneamiento en distintos puntos de la provincia. La Gerencia de Control de Calidad del EPAS tiene dos subgerencias especializadas, una de plantas de agua y tratamiento de efluentes y otra de laboratorio, que recorren toda la provincia realizando monitoreos periódicos. Esos equipos deben cumplir tiempos precisos: desde la toma de muestra hasta su llegada al laboratorio del Parque Industrial Neuquén no pueden pasar más de 36 horas. Ese laboratorio trabaja bajo normas ISO y es auditado por organismos internacionales, lo que otorga respaldo técnico a los resultados. Ruiz estuvo acompañado en la presentación por el Gerente de Saneamiento Neuquén Capital, Guillermo Navone, y por el Operador de la Planta Bardas Norte, Aron Troncoso, referentes concretos de un equipo que incluye ingenieros químicos, civiles, especialistas en saneamiento ambiental, técnicos, laboratoristas, mecánicos y expertos en seguridad e higiene.

Para el vecino neuquino, el impacto de este sistema es directo aunque invisible. Un tratamiento deficiente de efluentes afectaría la calidad del río Neuquén y los cuerpos de agua que abastecen a la población, con consecuencias para la salud pública y para actividades como el turismo y la pesca. El crecimiento urbano de localidades vinculadas a Vaca Muerta ya obliga al EPAS a proyectar ampliaciones de infraestructura, lo que implica inversión pública planificada para sostener el servicio a futuro. En ese contexto, el trabajo cotidiano de los equipos técnicos del organismo es lo que sostiene el equilibrio entre el desarrollo de la provincia y la preservación de sus recursos naturales más valiosos.

Lo que hay que saber

  • Neuquén capital tiene tres plantas de tratamiento de efluentes cloacales: Tronador procesa entre 3.900 y 4.000 metros cúbicos por hora, el sistema del Parque Industrial cerca de 300 y Bardas Norte alrededor de 100 metros cúbicos por hora.
  • El EPAS no solo gestiona sus propias plantas sino que asiste técnicamente a municipios y cooperativas de toda la provincia, desde la Región de los Lagos hasta el Alto Neuquén, garantizando el cumplimiento de la normativa ambiental.
  • El laboratorio del EPAS en el Parque Industrial Neuquén trabaja bajo normas ISO con auditorías internacionales permanentes, lo que respalda la confiabilidad de los controles sobre el agua tratada que se vuelca a los ríos.

Preguntas frecuentes

¿El agua que sale de las plantas es potable?

No. El agua tratada en las plantas de efluentes no es apta para consumo humano, pero sí cumple con todos los parámetros ambientales exigidos por la normativa vigente para ser volcada a los ríos y lagos sin generar contaminación ni afectar el ecosistema.

¿Qué pasa con el saneamiento en localidades del interior de la provincia, como Añelo o Rincón de los Sauces?

El EPAS actúa como organismo asesor de municipios que administran sus propios sistemas. Ante el crecimiento acelerado de localidades vinculadas a Vaca Muerta, el organismo trabaja en la proyección de ampliaciones y nuevas soluciones de infraestructura para garantizar el servicio y el cumplimiento ambiental.

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