
El Club Eucalipto Blanco del barrio Limay crece con obras y con historia
Redacción Abierta

Hay clubes que son mucho más que un campo de juego. El Club Eucalipto Blanco, ubicado en el barrio Limay de Neuquén capital, es uno de ellos. Fundado hace más de 40 años por vecinos del barrio con ganas de darles un espacio a los chicos, hoy atraviesa una etapa de transformación visible: tribunas, vestuarios renovados, iluminación mejorada y un drenaje que permite jugar incluso bajo la lluvia. Todo eso convive con la misma esencia de siempre.
El origen del club es una historia de esfuerzo puro. Sus fundadores empezaron organizando rifas y cocinando en la calle para juntar materiales y levantar los primeros vestuarios. La cancha era de tierra, el canal corría a cielo abierto y si la pelota caía adentro había que pescarla con un palo. De esos tiempos al presente hay una distancia enorme, aunque el espíritu sigue siendo el mismo: el club es de los chicos y siempre tiene que serlo.
El salto en infraestructura llegó de la mano del programa Clubes Sociales del Gobierno de la provincia de Neuquén, impulsado desde el Ministerio de Juventud, Deportes y Cultura. La institución recibió un aporte de 50 millones de pesos destinado a obras concretas: vestuarios, sanitarios, tribunas y materiales de construcción. Para quienes llevan décadas soñando con esas mejoras, verlas materializadas tiene un peso especial. «Tener tribunas era algo que siempre soñamos», resume uno de los referentes históricos del club, que hoy ve ese sueño convertido en realidad.

Pero la inversión no termina en el cemento. Como contraprestación al apoyo recibido, el club sostiene una agenda social intensa: torneos infantiles con escuelas del barrio, cesión gratuita de instalaciones para selecciones provinciales, celebraciones abiertas en fechas clave y acciones solidarias ante emergencias. También impulsa espacios de inclusión para personas con problemáticas de salud mental y adicciones, y garantiza el acceso al deporte mediante becas y cuotas accesibles para niños y jóvenes de la zona. En paralelo, desarrolló convenios formativos con clubes de primera línea del fútbol argentino y sumó nuevas disciplinas como el beach handball.
Los jugadores más jóvenes son, tal vez, la mejor prueba de que el proyecto funciona. Muchos llegaron siendo chicos del barrio sin conocer a nadie, y hoy son capitanes, referentes y parte de la columna vertebral de la institución. Para ellos, el cambio en la infraestructura es enorme, pero lo que más valoran es que el Eucalipto Blanco sigue siendo una segunda casa. Eso, en Neuquén, no tiene precio.



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