Desde adentro hacia afuera: internos de Senillosa cosecharon y donaron 800 kilos de zapallos

El Complejo Penitenciario V de Senillosa entregó la producción a Cáritas. Los alimentos fueron cultivados de manera agroecológica dentro del penal.
General07/04/2026Redacción AbiertaRedacción Abierta

Una cosecha que sorprendió por su abundancia terminó siendo un gesto solidario. Internos del Complejo Penitenciario V de Senillosa, ubicado en la provincia de Neuquén, donaron 800 kilos de zapallos a Cáritas, la organización religiosa que trabaja con comedores y comunidades vulnerables en distintos puntos de la región. Los alimentos llegarán directamente a quienes más los necesitan.

Lo que hace especial a esta donación no es solo la cantidad, sino el proceso detrás. Los zapallos de distintas variedades fueron cultivados de forma agroecológica dentro del penal, en el marco del plan Huertas Terapéuticas en Contextos de Privación de la Libertad. Este programa se lleva adelante gracias a un convenio vigente desde 2019 entre el Programa de Desarrollo Agroalimentario (PRODA) —dependiente de la subsecretaría de Producción provincial— y el organismo de cooperación del Servicio Penitenciario Federal.

Las instalaciones del complejo cuentan con bancales a cielo abierto, invernaderos, riego por goteo, deshidratadores solares y un sistema de compostaje que transforma los residuos orgánicos de la cocina del penal en nutrientes para la tierra. Así, los propios internos cierran el ciclo productivo: de los restos de comida surge el abono que alimenta los cultivos que luego terminan en la mesa de otros.

El objetivo del programa va más allá de producir alimentos. Busca que las personas privadas de su libertad accedan a una dieta más sana, encuentren en el trabajo con la tierra un efecto reparador y adquieran herramientas concretas de formación laboral pensando en su vida después del egreso. Los cuatro módulos productivos distribuidos en las unidades del complejo funcionan de manera articulada con el personal de la institución.

No es la primera vez que los internos de Senillosa realizan este tipo de donaciones a Cáritas. La experiencia acumulada desde 2019 consolidó un vínculo que combina trabajo intramuros con impacto comunitario real. Una cadena que, zapallo a zapallo, conecta la huerta con el plato.

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