
Magdalena Ñanco: la tejedora mapuche que mantiene vivo el hilado ancestral en Atreuco
Redacción Abierta
En la comunidad Atreuco hay manos que guardan memoria. Las de Magdalena Ñanco, artesana mapuche de la provincia de Neuquén, sostienen un huso con la misma naturalidad con que otras personas sostienen un teléfono. El hilado y el tejido no son para ella un hobbie ni una herencia guardada en un cajón: son parte de su identidad cotidiana, aprendida desde niña en el calor de su familia y transmitida hoy con la misma generosidad.
El proceso que Magdalena domina es lento, preciso y profundamente conectado con la naturaleza. Antes de que aparezca cualquier figura en el tejido, hay que preparar el hilo, lavarlo y buscar en el campo los yuyos y raíces que darán color a la lana. Los tonos naturales de las ovejas —blanco, gris y negro— se convierten en una paleta más amplia gracias al conocimiento botánico que también se transmite de generación en generación y de comunidad en comunidad. Cada color tiene su origen en la tierra, no en un frasco de tintorería.
El telar en sí mismo exige otro tipo de paciencia. Requiere concentración, calma y estar dispuesta a deshacer lo que salió mal para volver a empezar. Magdalena lo describe como una práctica que enseña a detenerse, a mirar con atención y a no apresurarse. En un mundo que empuja hacia la velocidad, el telar mapuche propone exactamente lo contrario: tomarse el tiempo necesario para que la pieza salga como tiene que salir.

La transmisión del oficio es, quizás, la parte más viva de todo esto. Magdalena ya le enseñó a su hija de once años a hilar, y la está iniciando en el telar. Además, cuando alguien de afuera de su comunidad se acerca con ganas de aprender, ella comparte lo que sabe sin reservas. Esa apertura forma parte de una visión más amplia: que el tejido mapuche no quede encerrado en un solo territorio sino que se difunda, se conozca y sea valorado donde quiera que llegue.
Las piezas de Magdalena se comercializan a través de Artesanías Neuquinas, espacio que le permite participar de muestras y exposiciones y llegar a nuevos públicos dentro y fuera de la provincia de Neuquén. Pero su horizonte es todavía más ambicioso: quiere que sus tejidos viajen más lejos, que la comunidad Atreuco sea visitada por quienes quieran ver el arte en acción y que este oficio siga vivo mucho después de que sus propias manos dejen el huso. Una invitación abierta, tejida con hilo natural y orgullo mapuche.



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