El bosque de los arrayanes centenarios: un rincón mágico del sur neuquino

En la península de Quetrihué, la Patagonia guarda uno de sus paisajes más singulares. Un bosque de troncos color canela y más de 650 años de historia espera a quienes se animen a recorrerlo.
General02/04/2026Redacción AbiertaRedacción Abierta

Al sur de la provincia de Neuquén, sobre la ribera del lago Nahuel Huapi, la península de Quetrihué esconde uno de los rincones naturales más extraordinarios de toda la Patagonia. El Parque Nacional Los Arrayanes resguarda más de 1.700 hectáreas donde el bosque andino patagónico alcanza una expresión casi irreal: troncos retorcidos, corteza lisa de tonos rojizos y canela, y una quietud que envuelve al visitante desde los primeros pasos del sendero.

El nombre del lugar viene del mapuche y refiere precisamente a este árbol que lo define todo. Los ejemplares que habitan Quetrihué superan los 650 años de antigüedad, y se trata del único bosque arbóreo de arrayanes del mundo abierto al turismo. Esa condición única no es solo un dato curioso: se siente en el aire húmedo, en la penumbra dorada que cuela entre las ramas y en la sensación de estar pisando un sitio que la naturaleza construyó con una delicadeza poco habitual en su versión más salvaje.

Llegar al corazón del bosque también tiene lo suyo. El sendero parte desde la zona del istmo y recorre unos 12 kilómetros a lo largo de la península, atravesando otras especies del bosque andino, asomando a lagunas y dejando ver rastros de antiguas estancias. El camino puede hacerse caminando o, según la temporada, en bicicleta o combinando la caminata con una navegación por el lago. Cada tramo prepara el cuerpo y la vista para lo que viene: el encuentro real con los arrayanes.

Dentro del bosque no hay grandes estridencias ni postales fáciles. Hay detalles: la corteza que se desprende en placas finas, el crujido suave del suelo, la luz que baja sin prisa, los troncos que se inclinan y arquean como si llevaran siglos eligiendo su propia forma. Es una belleza que no necesita imponerse porque trabaja en silencio, con paciencia vegetal, como corresponde a algo que sobrevivió más de seis siglos al borde del agua.

El Parque Nacional Los Arrayanes fue creado en 1971 y desde entonces funciona como una pausa obligatoria dentro del circuito turístico del sur neuquino. No es solo un destino: es una experiencia que invita a desacelerar, a mirar con atención y a entender que Neuquén, incluso en sus rincones más callados, tiene mucho para decir.

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