
La piedra redonda de Aguada del Chacay: el "fragmento lunar" que don Blas cuida hace 60 años
Redacción Abierta
Una roca de 2 metros de alto y 6 metros de circunferencia descansa sola en la mitad de un cerro de 1.000 metros de elevación, en el paraje Aguada del Chacay, dentro de la comunidad mapuche Millaqueo, en el centro de la provincia de Neuquén. La llaman la Piedra Redonda. Don Blas Ortiz, su guardián desde hace más de seis décadas, la define con una precisión poética que ningún geólogo usaría: "Es como un fragmento lunar que cayó acá".
En una provincia que tiene Patagonia, volcanes, ríos salvajes y la mayor reserva de hidrocarburos del país, llama la atención que una piedra pueda generar semejante magnetismo. Pero la roca de Aguada del Chacay no es cualquier piedra. Está sola, perfecta en su redondez, agrietada por millones de años de viento patagónico, y se asienta en un punto del paisaje que abre vistas hacia el Valle del Covunco, el Cerro Bustamante, la Laguna La Solitaria, el Cerro Negro, el Cerro Mesa y, hacia el este, parte del valle de Vaca Muerta. Es, en palabras del propio don Blas, un mirador que da para todos lados. El turismo cultural y de naturaleza en Neuquén viene creciendo en zonas históricamente relegadas del interior provincial, y este rincón entre la ruta nacional 40 y Las Lajas es un ejemplo claro de potencial sin explotar.
Llegar hasta la Piedra Redonda requiere esfuerzo, pero no es imposible. Desde la ruta 40, a la altura del tramo entre Portada Covunco y Las Lajas, hay que recorrer alrededor de 4 kilómetros por caminos internos que bordean las instalaciones de la Minera Ambar. Desde ahí se sube por una huella al pie del cerro y, tras un sendero de dificultad media, se llega al mirador desde donde la roca aparece por primera vez en el horizonte. Bajar hasta ella es otro trecho, pero el instante de llegar a su pie, dicen quienes lo vivieron, es único. También existe un acceso alternativo: ingresar por un camino particular que conduce directamente a la propiedad de don Blas Ortiz, lonco de la comunidad, desde donde un sendero de poco más de 1.500 metros lleva directo a la piedra. Fue el propio don Blas quien guió la visita que dio origen a esta nota, como lo hace cada vez que alguien se acerca con ganas genuinas de conocer el lugar.

Don Blas nació en 1962, pero su historia en Aguada del Chacay empieza siete años antes, cuando su padre, Eduardo Ortiz, descendiente de abuelos chilenos, compró el puesto El Chacay en 1955. Su madre, Benilde Garcés, era mapuche argentina. De esa mezcla viene él, uno de 13 hermanos. Criancero de alma, hace trashumancia cada año: invernada en el puesto del Chacay con sus chivos, y veranada en los faldeos de la Cordillera Andina, siguiendo la misma huella que dejaron Eduardo y Benilde. La Piedra Redonda estuvo siempre ahí, como parte del inventario de su vida. De chico la comparaba con el globo terráqueo que el maestro usaba en la escuela primaria número 21 de Los Alazanes, hoy escuela 221. "Siempre que el maestro nos daba una clase de eso, yo comparaba mi piedra con el tema que daban en la escuela", recordó. La roca lo vio aprender a leer, lo vio volver, lo vio criar familia. Le dio sombra en los veranos bravos y lo refugió del viento cordillerano cuando el cuerpo ya no daba más. Hoy, a los 64 años, la sigue saludando cada vez que pasa cerca. No la explica. La cuida.
Para el vecino neuquino que busca destinos fuera del circuito conocido, Aguada del Chacay ofrece algo que pocas postales provinciales tienen: una experiencia que combina naturaleza, historia mapuche y el encuentro con una figura como don Blas, que lleva décadas siendo el nexo entre ese paisaje y el mundo. El deseo del lonco es claro: que la Piedra Redonda deje de ser un secreto local y se incorpore al circuito turístico del centro neuquino. Que la gente llegue, camine el sendero, entienda la trashumancia, y vea con sus propios ojos lo que él vio de niño. Un pedazo de mundo, quieto y silencioso, esperando en la mitad del cerro.
Lo que hay que saber
- La Piedra Redonda de Aguada del Chacay mide 2 metros de alto y 6 metros de circunferencia, y se encuentra en la comunidad mapuche Millaqueo, entre Portada Covunco y Las Lajas, sobre la ruta nacional 40 en el centro de la provincia de Neuquén.
- Don Blas Ortiz, nacido en 1962 y lonco de la comunidad, la conoce desde niño y la cuida hace más de seis décadas. Vive en el puesto El Chacay, que su padre Eduardo compró en 1955, y hace trashumancia anual con sus chivos hacia la Cordillera Andina.
- Hay dos accesos al sitio: uno de aproximadamente 4 kilómetros desde la ruta 40 con subida por sendero de dificultad media, y otro de algo más de 1.500 metros desde la propiedad de don Blas, quien suele guiar personalmente a los visitantes.
Preguntas frecuentes
¿Cómo llego a la Piedra Redonda de Aguada del Chacay?Hay dos opciones. La primera es ingresar desde la ruta nacional 40, en el tramo entre Portada Covunco y Las Lajas, recorrer unos 4 kilómetros por caminos internos y luego subir por un sendero de dificultad media hasta el cerro. La segunda, más directa, es entrar por el camino particular que lleva a la casa de don Blas Ortiz, lonco de la comunidad Millaqueo, desde donde un sendero de algo más de 1.500 metros conduce hasta la roca. Se recomienda consultar con los pobladores locales antes de ingresar.
¿Se puede visitar el lugar sin guía y en cualquier época del año?El sendero tiene dificultad media y el terreno de la estepa neuquina puede ser exigente, especialmente en invierno con vientos cordilleranos intensos. No existe aún un servicio de guías formalmente organizado, pero don Blas Ortiz suele acompañar a los visitantes que llegan hasta su puesto. Lo más recomendable es ir en primavera o verano, con calzado adecuado, agua suficiente y avisando previamente a la comunidad.



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