Chos Malal tiene su propia embajadora del turismo: la historia de Celeste Scarabotti

Una emprendedora del norte neuquino construyó un ecosistema turístico completo que combina alojamiento boutique, trekking y agencia de viajes. Su apuesta es demostrar que el Alto Neuquén puede ser destino durante los 365 días del año.
General09/04/2026Redacción AbiertaRedacción Abierta

En el norte de la provincia de Neuquén, donde los paisajes van de la estepa a los ambientes altoandinos sin pedir permiso, hay una mujer que decidió apostar fuerte por su tierra. Celeste Scarabotti nació y creció en Chos Malal, estudió turismo en Neuquén capital, acumuló más de una década de experiencia entre el sector privado y el público, y finalmente volvió a casa con una idea clara: convertir al norte neuquino en un destino turístico de verdad.

El primer paso fue La Casita Boutique, un alojamiento que nació en plena pandemia, con incertidumbre y sin experiencia hotelera previa, pero con una convicción que terminó siendo el mejor capital de arranque. El proyecto no solo sobrevivió, sino que sirvió de plataforma para todo lo que vino después. Junto a su pareja, guía de trekking y fundador de Alanvron Expediciones, sumaron las excursiones al repertorio. Y más tarde llegó Scarabajo Viajes y Turismo, la agencia que cierra el círculo de una propuesta integral pensada para mostrar todo lo que esta región tiene para ofrecer.

La filosofía del emprendimiento es clara: nada de masividad, todo de calidad. Los espacios del alojamiento están diseñados para generar encuentros genuinos entre viajeros, y las excursiones se adaptan al estado físico y los intereses de cada visitante. El norte neuquino, reconocen, tiene un desafío serio en la temporada baja, cuando el frío enfría también la demanda. Pero lejos de resignarse, el equipo trabaja en propuestas específicas para sostener la actividad todo el año, apostando a un turismo que valora precisamente lo que estos paisajes ofrecen en invierno.

Y el destino tiene argumentos de sobra. Chos Malal fue la primera capital de Neuquén y es parada obligada en la mítica Ruta Nacional 40. La región alberga arte rupestre en sitios como la Cueva Huenul, la tradición viva de la trashumancia, el chivito criollo del norte neuquino con Denominación de Origen y el Volcán Domuyo, el techo de la Patagonia con sus 4.709 metros. A eso se suman los atardeceres sobre el río Curi Leuvú, postales que quienes llegan hasta allí difícilmente olvidan.

Hoy el equipo estable de Celeste tiene tres personas, aunque puede llegar a ocho en temporada alta. Para ella, generar empleo local es uno de los logros más significativos del proyecto. Herramientas como el programa Viaja Neuquén y los acuerdos con el Banco Provincia del Neuquén también contribuyen a dinamizar la actividad y formalizar el sector. El objetivo a futuro es consolidarse como referente del turismo receptivo y emisivo en el norte neuquino. Una región que, como bien sabe Celeste, ya no espera que la descubran: está en pleno proceso de mostrarse.

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