
San Eduardo: 75 años después, las voces del Alto Neuquén todavía recuerdan la explosión
Redacción Abierta
Era la mañana del 29 de marzo de 1951 cuando una explosión sacudió las entrañas del cerro y cambió para siempre la historia de un rincón del Alto Neuquén. La mina San Eduardo, ubicada a 75 kilómetros de Chos Malal, era por entonces el corazón de una comunidad vibrante: más de 2.000 personas, viviendas para los obreros, escuela, enfermería, comercios, cooperativa y hasta proyecciones de películas en el salón comunitario. Un pequeño mundo organizado en torno al carbón y a la vida en común.
Quienes eran niños aquel día lo recuerdan con una precisión que solo dan las marcas profundas. Las llamas saliendo de la boca de la mina, las piedras proyectadas por el aire, las madres corriendo hacia el cerro con sus hijos. Solo dos mineros lograron salir con vida esa jornada, y una segunda explosión nocturna terminó de sellar el destino de los que habían quedado atrapados. El humo siguió saliendo durante días. La tristeza, durante décadas.
San Eduardo era parte de Yacimientos Carboníferos Fiscales y funcionaba con la lógica de los campamentos mineros de la época: todo estaba pensado para sostener la producción y la vida de las familias al mismo tiempo. El agua llegaba bombeada desde el río Neuquén, a 15 kilómetros de distancia. Había una usina, una caldera, una lamparería donde los mineros recogían las lámparas para sus cascos antes de bajar. Los padres de muchos de quienes hoy recuerdan trabajaban allí, en distintos roles: controlando el peso de los camiones con carbón rumbo a Zapala, cargando las lámparas, prestando atención médica en la enfermería.

Después de la explosión, el pueblo comenzó a desintegrarse lentamente. Muchas familias emigraron hacia Río Turbio, en Santa Cruz, o hacia Los Castaños, en Mendoza. La escuela número 127 fue trasladada y hoy funciona en Aguada Chacayco. Del emplazamiento original quedan solo ruinas y el mástil de la bandera, todavía en pie como si esperara algo. Quienes se quedaron en el norte neuquino reconstruyeron sus vidas como pudieron, y algunos de esos hijos del campamento terminaron siendo maestros, jubilados, vecinos de Chos Malal con una historia guardada adentro.
A 75 años de aquella mañana, la memoria de San Eduardo sigue circulando en el norte de la provincia de Neuquén, sostenida por las voces de quienes la vivieron y por quienes la recibieron como herencia familiar. La propuesta de quienes guardan ese recuerdo es concreta: plantar un árbol, armar un museo con herramientas y fotografías, dejar testimonio de que allí hubo vida. Porque recordar no es solo mirar hacia atrás, sino también una forma de construir identidad en el presente.



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