Tejedoras neuquinas llevaron su identidad ancestral a la pasarela en Junín de los Andes

Artesanías Neuquinas presentó ponchos contemporáneos y piezas patrimoniales centenarias en el Desfile de Emprendedores de la Región Sur, revitalizando técnicas ancestrales y saberes transmitidos de generación en generación.
General08/10/2026Redacción AbiertaRedacción Abierta

Las tejedoras neuquinas protagonizaron un momento de gloria en Junín de los Andes durante la segunda edición del Desfile de Emprendedores de la Región Sur. Con ponchos tejidos a mano, colores extraídos de plantas cordilleranas y técnicas milenarias vivas en sus manos, llevaron a la pasarela lo que representa el corazón cultural de la provincia: un oficio que respira, que se transmite, que permanece.

El acto no fue una simple exhibición de moda. Fue, más bien, un encuentro entre pasado y presente donde el tejido se revela como algo mucho más profundo que una prenda de vestir. En Neuquén, donde la tradición textil tiene raíces que se remontan a tiempos ancestrales, estas creaciones cuentan historias de territorio, de pertenencia, de mujeres que mantienen vivas técnicas que podrían haberse perdido. En un contexto donde muchos oficios tradicionales luchan por sobrevivir en la era digital, la presencia de estos 54 emprendedores y diseñadores cordilleranos en el desfile de Junín representa un acto deliberado de resistencia cultural y revalorización económica.

El trabajo detrás de cada hilo

Artesanías Neuquinas, la empresa provincial que lleva más de medio siglo acompañando a artesanos y artesanas del territorio, fue quien llevó esta colección. Pero los números dicen poco. Lo importante es entender qué hay dentro de cada poncho: horas de hilado y tejido, conocimiento profundo sobre fibras y tintes naturales, técnicas transmitidas durante generaciones, y una historia que no es solo personal sino comunitaria. Cada pieza incluye Certificado de Autenticidad, un documento que acredita su origen e identifica tanto a quien la realizó como su lugar de pertenencia en la provincia.

La pasarela de Junín mostró ponchos de artesanas como Silvia Tropan, Eliana Tropan y Laura Linares, cada uno con su propia narrativa. El poncho de Silvia Tropan utilizaba la técnica del Traril Makuñ, un amarrado o lista atada que crea diseños geométricos planificados antes del teñido. Uno de sus trabajos combinaba el cocolle, una planta nativa de la cordillera neuquina que según la época de recolección aporta tonalidades desde rosados y salmones hasta colores ladrillo intensos. El otro invertía la composición: predominaba el blanco natural de la lana con el cocolle solo en la guarda. Dos piezas, una misma tradición, expresiones completamente distintas.

El poncho de Eliana Tropan traía gris teñido con laura, una guarda central laboreada llamada willoz, una franja de cocolle y listas de peinecillo teñidas con cebolla y raíz de michay. Laura Linares presentó un poncho liso con tres franjas de peinecillo, también conocido como Klan Traro, en referencia a las líneas visibles en la cola del carancho. Fue teñido con monte guanaco, otro ejemplo de cómo el entorno se convierte en paleta de colores propia.

Cuando el patrimonio sale del museo

Pero el evento tuvo un segundo acto todavía más potente: la presentación de piezas patrimoniales conservadas por la Provincia, que pertenecen a la colección del Museo Roca Jalil de Junín de los Andes. Un espacio profundamente ligado a la memoria local, cuya historia se remonta a alrededor de 1920, cuando allí funcionó uno de los primeros almacenes de la localidad. El museo recuperó recientemente su actividad como espacio de memoria y patrimonio, y resguarda una valiosa colección de ponchos centenarios.

Por una tarde, esos textiles abandonaron las vitrinas para volver a encontrarse con el público. Más de cien años después de haber sido realizados, sus colores, diseños y técnicas volvieron a contar una historia. El Amarrado rojo, tejido en lana de oveja blanca y teñido con anilina roja mediante lista atada, reflejaba los cambios que atravesó la tradición textil: a los tintes naturales ancestrales se sumaron las anilinas, que ampliaron las posibilidades cromáticas. El poncho Araña amarilla, tejido en telar vertical con el tradicional diseño de la araña, exhibía un amarillo poco frecuente en toda la pieza. Figuras geométricas rojas mostraba complejidad de trama y precisión de motivos que refleja el dominio técnico requerido.

Entre esas piezas patrimoniales hubo una con significado especialmente particular: un poncho realizado en 1986 por la artesana Adela Encina Lagos, de Loncopué. Confeccionado en lana de oveja blanca teñida con anilina negra, con un diseño de cruces concéntricas escalonadas denominado praprahue, fue utilizado para cubrir el féretro del doctor Gregorio Álvarez, médico dermatólogo e historiador neuquino que fue figura fundamental en la difusión de la cultura provincial. Un textil que se convirtió en parte de la memoria colectiva, creado por una artesana neuquina y vinculado para siempre a uno de los referentes de la historia provincial.

Impacto para el neuquino de hoy

¿Qué significa esto para un vecino neuquino en octubre de 2026? Significa que existe en la provincia una cadena de valor real alrededor de la artesanía textil, que está siendo revalorizada, que genera ingresos dignos para artesanas que podrían haber migrado a otros oficios, que mantiene vivas técnicas milenarias. Significa que cuando un neuquino compra o usa un poncho certificado de Artesanías Neuquinas, no solo adquiere una prenda de vestir sino que respalda un ecosistema completo de saberes, de identidad, de memoria colectiva. Significa que la provincia tiene estrategia deliberada de puesta en valor de su patrimonio cultural en espacios públicos y comerciales, en desfiles donde se reúnen emprendedores de toda la cordillera patagónica.

La tradición textil neuquina se remonta a tiempos ancestrales, utilizando en una primera etapa fibras de camélidos nativos como el guanaco. Con la llegada de la oveja, la lana pasó a ocupar un lugar central. Esa historia, esa continuidad, estuvo presente en la pasarela de Junín. Y estuvo presente también en la cosmovisión más profunda: según la tradición mapuche, Llallun Kuche, la Madre Araña, es la maestra y protectora de las tejedoras. Fue ella quien enseñó a las primeras mujeres mapuche el arte milenario del tejido en telar. Cuando nace una niña en comunidad mapuche, la familia realiza una rogativa o llellipun para pedirle a la Araña Madre que le conceda el don, la paciencia, la sabiduría y la destreza necesarias para aprender a diseñar, hilar y tejer. Un saber que trasciende lo técnico y se convierte en espiritual, en identitario, en lo que hace a Neuquén, Neuquén.

Lo que hay que saber

  • Artesanías Neuquinas llevó ponchos contemporáneos de artesanas como Silvia Tropan, Eliana Tropan y Laura Linares al Desfile de Emprendedores de la Región Sur en Junín de los Andes, que reunió a 54 emprendedores y diseñadores cordilleranos.
  • La presentación incluyó también piezas patrimoniales centenarias del Museo Roca Jalil, entre ellas un poncho de 1986 de Adela Encina Lagos que fue utilizado en el funeral del historiador neuquino Gregorio Álvarez.
  • Los ponchos neuquinos utilizan técnicas ancestrales como Traril Makuñ (amarrado), willoz (guarda central laboreada) y peinecillo, teñidas con plantas nativas como cocolle, laura, cebolla, raíz de michay y monte guanaco, cada una con Certificado de Autenticidad.

Preguntas frecuentes

¿Dónde puedo comprar ponchos tejidos por artesanas neuquinas?

Artesanías Neuquinas, la empresa provincial que respalda estos trabajos desde hace más de medio siglo, distribuye piezas de artesanas de todo el territorio. Cada poncho viene con Certificado de Autenticidad que acredita su origen e identifica a quien la realizó. Podés consultar en puntos de venta provincial o contactar directamente con Artesanías Neuquinas.

¿Cuál es la diferencia entre un poncho con tinte natural y uno con anilina?

Los tintes naturales (cocolle, laura, cebolla, raíz de michay) vienen de plantas de la cordillera neuquina y ofrecen paletas limitadas pero auténticas. Las anilinas, introducidas con el tiempo, ampliaron las posibilidades cromáticas y permitieron nuevas tonalidades. Ambas técnicas coexisten en la tradición textil neuquina actual, y los ponchos más antiguos del patrimonio provincial muestran esa evolución.

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